Cuenta Presidencial y equidad territorial

Este viernes 1 de junio tuvo lugar  la Cuenta Pública del Presidente de la República, Sebastián Piñera. Un hito republicano que se desarrolló sin novedades relevantes, en un ambiente respetuoso y cívico.

El Primer Mandatario realizó un diagnóstico bastante sesgado y confrontacional del estado del país, con críticas muy marcadas e injustas a la gestión anterior; esbozó, a continuación, los ejes de su gestión y reseñó, con escasa precisión, algunas propuestas para su mandato.

Llamó la atención, como una omisión relevante, la débil consideración de las regiones y de la descentralización en su extenso discurso. Sólo en un párrafo se aludió a la necesidad de traspasar competencias, para ligarlo inmediatamente a la necesidad de establecer resguardos y controles. Vale decir, más desconfianza que decisión política.

Ni siquiera se detalló mayormente el enorme desafío que implica la elección de gobernadores regionales, ni la forma e itinerario en que se llegará a esos comicios y la consecuente instalación de esas nuevas autoridades.

Tampoco hubo una mención significativa al otro nivel de descentralización territorial, los municipios. En general, éstos no fueron tema ni siquiera secundario en el mensaje del Primer Mandatario, pese a que constituyen un organismo relevante para la vida cotidiana de millones de chilenos.

Sin embargo, donde más llamó la atención esta carencia fue cuando se mencionó lo relativo a las inversiones en obras públicas. En general, no hubo, como en cuentas anteriores, un compromiso con algunas infraestructuras emblemáticas.

Ello contrastó con la referencia  al Metro de Santiago. Allí sí hubo precisión y claridad para identificar un importante paquete de inversiones, varias nuevas líneas, la extensión de otra y la renovación del sistema de transportes metropolitano en general, sin que se ahondara en la réplica de esto a nivel local.

Se extrañó que se olvidara el enorme detalle de las propuestas de campaña del Presidente Piñera, donde hubo promesas concretas de teleféricos, trenes de cercanía y tranvías, como el de Coquimbo-La Serena. Esta vez, el detalle sólo alcanzó a la capital. El resto deberá seguir esperando.

Queda la esperanza que haya sido una falencia producto de la necesidad de abocarse a los asuntos fundamentales. Esperaremos los próximos días para conocer en mayor profundidad algunas materias.

El país demanda abordar el centralismo de raíz; apuntar decididamente a mejorar la calidad de vida en regiones y generar niveles de mayor equidad en el acceso a servicios y bienes.

El desarrollo económico, del cual tanto se habla y que sí fue lugar común de la alocución presidencial, sólo será sustentable si generamos diversos polos a lo largo del país. Así han surgido las naciones que hoy lideran el mundo. Seguir concentrando la actividad productiva en Santiago y alrededores es seguir equivocando el camino.

 

 

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