BIOGRAFIA

Adriana

La vida de la senadora Adriana Muñoz ha estado marcada por varios hitos siendo uno de los que más le han dejado huella su salida del país con su bebé de tan sólo cinco meses de vida.

Es que la crisis que estaba enfrentando el país, producto del golpe militar, la obligó a solicitar asilo en la embajada de Austria. Ella en ese entonces era militante del Partido Socialista y trabajaba en el gobierno de Salvador Allende en la Corporación de la Reforma Agraria en el área de Desarrollo Campesino. “Me tocó capacitar a todos los campesinos de la zona sur. Fue un período muy agitado por la toma de terrenos”.

Recuerda haber visto cómo detenían y desaparecían compañeros, lo que la movió a tomar la decisión y abandonar el país. Pero antes de ello reconoce que ayudó a muchos compañeros a refugiarse. “Aquellos que no estábamos siendo tan perseguidos comenzamos a ayudar a nuestros compañeros. Había una red de mujeres que estábamos encargadas de ver hasta qué hora estaban los guardias y a qué hora era el cambio de vigilantes para que pudiesen ingresar nuestros amigos. Recuerdo que ante el primer descuido colocábamos los autos en las puertas de las embajadas para que ellos entrasen muy rápido”.

Ese equipo de asilamiento con el paso de los días se comenzó a reducir, ya que cada día eran más las personas que necesitaban refugio.

“Me empezó a dar miedo cuando supe que comenzaron a llegar a mis familiares para saber sobre mi paradero. El problema era que a esa altura quedaban muy pocas embajadas libres y dispuestas a ayudar. Luego de un exhaustivo análisis nos dimos cuenta que aún estaba libre la embajada de Austria. Primero se fue mi exesposo y luego yo con mi hijo”.
Relata que llegar a un país completamente distinto y sin conocer el idioma a la edad de 25 años fue muy difícil. Si bien, el gobierno austriaco les comenzó a dar todas las facilidades y ayudas, siempre existió la esperanza de retornar, por ello durante los primeros meses nunca desempacó.

“Era un país de muy bajas temperaturas, fácil llegamos a los 30 grados bajo cero. Los departamentos que nos asignó el gobierno austriaco estuvieron por mucho tiempo sin cortinas, armarios y ambiente de casa. Es que todos pensábamos que la vuelta a Chile no demoraría más de dos años”.

Sin embargo, con el paso de los meses se convencieron que no podrían retornar a su país y que había llegado el momento de comenzar a formar una nueva vida. Fue ahí cuando decidió aceptar todas las ofertas que le estaba entregando desde becas de estudios hasta fuentes laborales.

Durante los diez años que estuvo en Viena estudió alemán, terminó su carrera de Sociología, se especializó en Ciencias Políticas y trabajó en un instituto de Viena, donde era encarga de la teoría del desarrollo de la independencia.

“Teníamos que aceptar las ofertas, porque debíamos sobrevivir. Si bien mi exmarido trabajaba, eso no nos alcanzaba para vivir, más si teníamos un niño muy pequeño. Nada fue fácil, el tener que estudiar en alemán y rendir tus exámenes es ese idioma le agregaba una complicación adicional”.

Además de lidiar con el clima y el idioma comenzó a tener problemas familiares. Estos con el tiempo se acrecentaron lo que gatillaron su separación. Ahora la realidad sería más dura, ya que no contaría con el sustento y apoyo del padre de su hijo. “Lo que provocó que surgiera el deseo de querer volver a Chile. Más encima mi padre estaba enfermo y yo estaba a miles de kilómetros sin poder ayudarlo. Debo reconocer que nunca antes sentí angustia hasta ese momento, que me empecé a ahogar en el país”.

Muñoz señala que eran sentimientos encontrados, porque por un lado estaba eternamente agradecida por la hospitalidad que le habían entregado, pero también sentía la necesidad de cerrar ese ciclo y retornar a su Chile, aunque sabía que no sería fácil.

“Pero igual decidí volver. Tenía mucho nerviosismo porque no sabía lo que me podría ocurrir. Sin embargo, ingresé sin ningún problema. Me instalé en la casa de mis padres y comencé a trabajar en la empresa de mi hermano, quien no tiene la misma tendencia política que yo”.

SER FEMINISTA NO ES ODIAR A LOS HOMBRES

La senadora Adriana Muñoz cree que existe un concepto errado de lo que significa ser feminista. Mucho utilizan esta palabra para describir a una mujer que odia a los hombres. Sin embargo, el concepto no tendría nada que ver con esta creencia chilena.

“Siempre digo que soy feminista para poder quebrar este prejuicio. Estando en Europa conocí a este movimiento. Me convencí porque es una corriente de pensamiento que tiene su arraigo en aquellas mujeres que pensaron y decidieron plasmar eso en una teoría. Cuando comencé a leer encontré muy lógico el pensamiento”.

Muñoz explica que ser feminista es aquella persona que no acepta que las cualidades de la mujer sean inferiores a las del hombre. “Hay que buscar que esa condición de desigualdad de la mujeres se revierta”.

La legisladora reconoce que su pensamiento ha tenido algunos costos. Recuerda que durante la tramitación de la ley de femicidio comenzó a recibir amenazas. Como no quiso escuchar los mensajes, los llamados telefónicos le comenzaron a llegar a las secretarias de su partido y bancada. Recién ahí se decidió a actuar.

“Desde el año 1990 que venía ingresando proyectos a favor de la mujer para el respeto de sus derechos. Pero en el 2010 cuando presenté la ley de femicidio algunos se molestaron conmigo porque estaba solicitando que se eliminará la atenuante de que el hombre había actuado así por celos. Además, que estaba pidiendo la cadena perpetua sin beneficio y eso se tomó como amenaza. No le di ninguna importancia, pero las secretarias se asustaron mucho y dieron dar aviso a los encargados de seguridad. Eso generó que hasta el día de hoy tenga que andar con seguridad”.

SU REINGRESO A LA POLÍTICA

A los meses de haber regresado a Chile comenzó a trabajar con un grupo de mujeres. En 1986 se comenzaron a realizar reuniones de forma más masiva. “Decidimos incorporar una propuesta sobre los derechos de la mujer. La idea era armar un movimiento para la recuperación de la democracia. Ahí tratamos de hacer visible lo que la mujer pensaba. Este grupo logró recuperar la federación de la mujer socialista”.

Eso generó que en 1990 cuando fueron las elecciones ella fuera como candidata a diputada ganando con el 30% de los votos. En 1993 pierde la elección al obtener el 28% de los sufragios y ser la tercera mayoría.

Sin embargo, su carrera política no se detiene y en 1997 decide nuevamente competir. Esta vez por Quilpué (Distrito 12). “Me reuní con las personas de allá. Comencé a hacer campaña, a escuchar sus demandas y a levantar sus principales problemáticas a la agenda pública. Sin embargo, la negociación de partido dijo otra cosa y me cambiaron de distrito. Pese a que yo había sido proclamada por la personas del PPD de allá”.

Fue así como llegó al Noveno Distrito lugar que recorrió prácticamente a pie para poder conocer a la ciudadanía y empaparse con las necesidades de ellos. “Llegué a instalarme con el mal humor del alcalde socialista que era Luis Lemus, él no me quería. Me decían que era pequeña burguesa. Me asusté muchísimo, además, que sentía que era una falta de respeto por las personas de allá. Todos me decían que me quedara tranquila, porque aquí siempre se elegirían a dos. Pero yo veía que esa no era la realidad y lo más probable era que me cayera. Así que comencé a trabajar arduamente. Al final, la dedicación de mi tiempo y la acogida de la gente permitió que saliera”.

Actualmente es la senadora de la Región de Coquimbo. Logró el doblaje junto al senador Jorge Pizarro.